Alrededor de 300 personas se han concentrado este viernes en la Plaza del Carmen de la ciudad nazarí para decir, un año más, no a la celebración de la “toma” de la ciudad por los ejércitos de lo Reyes Católicos, así como para protestar contra la presencia de grupos fascistas en el lugar. La simbología nazi y los cánticos racistas, xenófobos y de apología del asesinato fascista han vuelto a la plaza con total impunidad.

Como cada año, la ciudad de Granada ha celebrado su fiesta más arcaica, reaccionaria y casposa. Políticos del PP y UPyD, militares y demás participantes en esta macabra representación han vuelto a pasear su intolerancia, su exaltación del genocidio y su incitación al racismo y la xenofobia por las calles de la ciudad. Junto a ellos, como cada año también, varias decenas de fascistas y neonazis han exhibido sus banderas nazis y sus símbolos franquistas, con total impunidad. Gritos como ¡Josué libertad! – en “honor” al asesino de Carlos Palomino-, “España cristiana y no musulmana” y otros similares han llenado de odio e intolerancia, en sintonía con la celebración del acto, la plaza del Carmen.

Frente a todo ello la presencia de unos 300 antifascistas han devuelto a la ciudad la decencia y la dignidad que tanto la celebración de semejante acto, como toda la parafernalia y grupúsculos fascistas que la acompañan, le roban cada 2 de enero. Banderas antifascistas, andalucistas, anarquistas y otras, acompañadas de gritos y cánticos contra la celebración de la toma y la impunidad de la extrema derecha, así como pitos y abucheos a las celebraciones, se han vuelto a hacer notar con fuerza. “Los genocidios no se celebran”, “no a la toma, sí a Mariana”, “2 de enero nada que celebrar”, han vuelto a ser los gritos más repetidos entre los presentes.

La ciudadanía de Granada, por lo demás, como es costumbre también, ha vuelto a dar la espalda a la “celebración”, que no interesa en absoluto a más del 95% de la población, y que apenas si es seguida en las calles por unas mil o dos mil personas, principalmente nostálgicos del régimen franquista y parte de ese franquismo sociológico que nunca ha dejado de estar presente en esta como en otras muchas ciudades de Andalucía. Más allá de eso, la ciudad es ajena por completo a esta celebración que dicen suya. Un paseo por las calles donde se celebra semejante espectáculo, visto por los ojos de cualquiera, muestra claramente el arraigo popular que esta “tradición” tiene en realidad: ninguno… y el día que desaparezca nadie, salvo los mismos nostálgicos fascistas que hoy la celebran, protestará por ello.

Como siempre también, por supuesto, la policía nacional ha desplegado varias decenas de efectivos, situados estratégicamente en el lado donde se ubican los antifascistas, acordonando la zona y controlando sus actos, dejando total libertad de movimiento y acción, en cambio, a los grupúsculos fascistas, parte de los cuales se han permitido el “lujo” de poder entrar en “procesión” a la plaza, ante la mirada atónita del resto de los presentes.

Por otro lado, más allá de lo acontecido en la plaza, la Plataforma Granada Abierta organizó, a primera hora de la mañana, en la Fundación Euroárabe, el acto alternativo ‘Toma no, Mariana sí‘ para pedir al gobierno municipal que ponga fin a una fiesta “sectaria, anacrónica y excluyente”, que mantiene la “manipulación histórica” y que tiene “un efecto llamada sobre la extrema derecha, racista y xenófoba”, con riesgo para la convivencia democrática.

Granada Abierta propone que el 2 de enero se convierta en una jornada para fomentar la tolerancia y el diálogo intercultural y que la fiesta local Día de la Toma, sea sustituida por el 26 de mayo, Día de Mariana Pineda, que es símbolo de libertad e igualdad. En el acto participó Diego Cañamero, portavoz nacional de SAT, que se ha sido premiado por su defensa de los valores de “igualdad y libertad” que este acto refleja. Los mismos valores que cientos de militantes del SAT reivindicaban a esa misma hora en la plaza. Cañamero, aconsejado por los propios militantes del SAT, no acudió al acto por motivos de seguridad.

“Esta será la última toma”, ha sido uno de los gritos más repetidos entre los antifascistas. Esperemos que, este año sí, así sea.

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